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lunes, 3 de enero de 2011

CANTAR ES CASI HUMANO


Siempre he asociado las fiestas navideñas con música, desde que era un crío. Cuando (por fin) terminan, el recuerdo que me queda de ellas es siempre el de su banda sonora, el de los discos que he estado escuchando esos días en que sueles tener algo más de tiempo que de costumbre.Repasando lo escuchado estos días, veo que la banda sonora de estas fiestas ha estado compuesta por Depeche Mode (The Singles 86-98), Krishna Das (un cantante de mantras tibetanos de voz increíble), Roxy Music (un directo del año 79), Stranglers (otro directo, este del año 80), y mucho Elvis.

Me refiero al Elvis de los años 70, y a sus conciertos. Al Elvis de los trajes apretados llenos de lentejuelas y rostro abotargado; al de los movimientos de karateka y los chistes contados entre canciones. Al Elvis que durante esos años, desde su vuelta a los escenarios en 1969 hasta su muerte en 1977, dejó tras de sí un reguero de impresionantes actuaciones en vivo, en las que su voz prodigiosa alcanzó su máxima excelencia, su rendimiento más óptimo, el punto álgido de su capacidad de transmisión.

Sé que ese periodo de la carrera de Elvis está lleno de tópicos y prejuicios. Y deseo recomendar a todo aquel que los siga teniendo que los deje a un lado, y se acerque a escuchar alguno de esos conciertos para comprobar hasta qué punto un cantante puede dominar su voz y emocionar al que escucha hasta límites insospechados. Para ello, recomiendo, de entre su discografía oficial, álbumes como In Person At The International Hotel (agosto de 1969), Elvis As Recorded At Madison Square Garden (junio de 1972), o Elvis Recorded Live On Stage In Memphis (marzo de 1974). Los tres son impresionantes demostraciones de fuerza vocal y escénica, más vibrante y básica la primera, más íntima y elegante la segunda, desatada y dominante la tercera.

Pero para aquel que quiera profundizar todavía más, que busque por Internet y se haga con algunos conciertos de esos años en los que Elvis y su impresionante banda (encabezada por el guitarrista James Burton y el batería Ronnie Tutt) incendiaban escenarios día a día, noche tras noche, sesión tras sesión. Entre ellos, buscad The Power Of Shazam (noviembre de 1971), The Hampton Road Concerts (abril de 1972), Elvis Back With A Bang (marzo de 1975) o A Hot Winter’s Night! (diciembre de 1976). En todos ellos (y en muchos más conciertos, seguro), se puede apreciar lo dicho anteriormente: el por qué Elvis fue tan grande, y cómo su voz ha sobrevivido en el tiempo a través de las décadas para recordarnos que cantar canciones es una actividad en el que cuerpo, mente y espíritu se unen para lograr momentos imborrables. Pruébalo; no te arrepentirás.

martes, 23 de marzo de 2010

CUENTOS DEL CIELO DEL ROCK AND ROLL (XVII)


Después de 9 años sin subirse a un escenario, Elvis regresa a los escenarios tras el espectacular éxito de su especial televisivo navideño de 1968. El evento se produce en el Hotel Internacional de Las Vegas, el 31 de Julio de 1969, y su compañía discográfica aprovecha para realizar una serie de grabaciones durante el mes de Agosto. Esta serie de conciertos muestra la esencia de las mejores actuaciones en directo del Rey, en Las Vegas, en ese mágico 1969. Muestran la fuerza de Elvis Presley ante el público, y mezcla perfectamente temas clásicos, como Blue Suede Shoes, All Shook Up o Hound Dog, y otros nuevos, como In The Ghetto y Suspicious Minds. En definitiva, si no has escuchado alguno de estos conciertos (por ejemplo, el recogido en Elvis In Person o Elvis At The International), no sabes todavía quién es Elvis Presley. Live At The International , por ejemplo, te cautivará, te hará vibrar, saltar, bailar, y también emocionarte. Es, sencillamente, ELVIS en su mejor momento.

Elvis, en un estupendo estado de forma física y mental, se coloca de nuevo en la cima de la pirámide de la música rock. De nuevo es el superpredador de los escenarios que conmocionó el planeta quince años antes. Con sus patillas anchas, sus extravagantes trajes, sus patadas de karate, sus besos a las señoritas de primera fila... Puro y auténtico espectáculo.

Durante ocho años (de 1969 a 1977), Elvis decoró de glamour y rock and roll los casinos de Las Vegas y así logró revitalizar y reinventar su carrera. La estancia en Las Vegas hizo crecer el mito de Elvis Presley y su personaje. Su imagen en esta época es la más reconocible y se ha convertido en un icono de la cultura popular del siglo XX y también del XXI, explotado por miles de imitadores. Pero nunca hay que olvidar que, trajes y desenfreno al margen, Elvis escribió en esos años un gran, único y memorable capítulo en la historia del rock. Uno más.

martes, 5 de enero de 2010

LA HISTORIA MÁS GRANDE JAMÁS CONTADA


Hoy hace justo un año que cobró vida este blog. Primer aniversario, pues (a pesar de que, lo reconozco, últimamente lo he tenido un tanto desatendido). Y creo que nada mejor para celebrarlo que una entrada sobre otro aniversario, una efeméride que nos lleva directamente hasta el nacimiento del rock and roll y de la música popular tal como la entendemos hoy en día.

En efecto, el próximo viernes día 8 de enero se cumplen 75 años del nacimiento de Elvis Presley. Treinta y dos años después de su muerte en agosto de 1977, el legado musical de Elvis continúa tan vivo como antaño, sus discos se siguen vendiendo como rosquillas y Graceland, su célebre mansión, es el segundo lugar más visitado de Estados Unidos, después de la mismísima Casa Blanca. Por supuesto, se han organizado toda clase de fastos, celebraciones y actos públicos, pero desde humilde lugar en el hiperespacio rescataremos de las catacumbas del pasado, y como sentido homenaje al Rey, el momento en que, gracias a su voz y a su cuerpo, el rock devino fenómeno de masas cultural convirtiéndose en la principal corriente artística y musical del siglo XX. Y para ello, nada mejor que empezar por el principio. Y por el relato de los días en que un camionero taciturno de Memphis cambió las coordenadas musicales de todo el mundo para siempre.

Estamos en la ciudad de Memphis, capital del estado de Tennessee, y corre el año 1954. En los estudios de Sun Records se hallan cuatro personas. Se trata del propietario del estudio, Sam Phillips, el guitarrista Scotty Moore, el bajista Bill Black, y un nuevo cantante llamado Elvis Presley. Mientras Moore y Black afinan sus instrumentos, Presley se entretiene rascando su guitarra y atacando las estrofas de That’s Allright, Mama, un tema de ryhtym & blues clásico de Arthur Crudup. Sorprendido, Phillips ordena a los dos músicos que sigan a Elvis mientras, a escondidas, graba lo que los tres están pariendo sin saberlo: puro, salvaje y rebelde rock’n’roll.

Han pasado más de cincuenta y cinco años desde ese día, 5 de julio de 1954. En realidad, todo fue fruto de un cúmulo de casualidades, pues Elvis Presley le fue recomendado a Sam Phillips por su secretaria, prendada de aquel blanco con voz de negro que un buen día fue a grabar un single como regalo de cumpleaños para su madre. Simplemente, Elvis se sabía de memoria That’s Allright, Mama, y la cantó imitando y exagerando las inflexiones vocales de su autor. En los días siguientes, el cuarteto grabó más canciones, la mayoría de ellas versiones de clásicos country o blues, con los cuales Sun Records fue publicando una serie de sencillos durante el siguiente año y medio. Se trata de temas que hoy figuran en letras de oro en la memoria de la música popular del siglo XX, como Blue Moon Of Kentucky, Mistery Train, Good Rockin’ Tonight o Baby, Let’s Play House.

El 10 de julio de 1954, That’s Allright Mama sonaba por primera vez en una emisora de radio, la WHBQ de Memphis. Inmediatamente, la centralita de la emisora quedó bloqueada por las llamadas de personas que preguntaban quién era aquel nuevo cantante, y que se sorprendían al saber que era un joven blanco. El discjockey tuvo que poner el disco 14 veces esa noche ante la demanda de los oyentes, e incluso se vio obligado a localizar a Elvis para que fuera corriendo al estudio para ser entrevistado. Aquella noche nació el mayor mito de la música popular de todos los tiempos.

Diez días después, Elvis actúa en directo por primera vez en su vida ante varios centenares de personas en un parque de Memphis. Tras salir al escenario, camina un par de pasos, se planta delante del micrófono y golpea la guitarra, rompiendo dos cuerdas y provocando espasmos de histeria entre las adolescentes que asisten al concierto antes de cantar una sola nota. Sin saberlo ni pretenderlo, en apenas diez días ha inventado, codificado y descrito el rock and roll. Este es el indiscutible mérito y valor de las canciones nacieron en aquellas sesiones. El valor de lo nuevo, de lo rompedor, de lo pionero. El valor de los sonidos que se convierten en historia, puesto que la cambian y modifican hasta se convierten en frontera del paso de una realidad a otra, canciones que son imprescindibles para entender el presente en que ahora vives.

Elvis Presley no fue el primer cantante de rock´n´roll. Antes que él ya habían publicado discos artistas como Chuck Berry, Fats Domino o Bill Haley. Pero la voz de Elvis, su carisma y su capacidad para hacer suyas las canciones de otros compositores, lo convirtieron en el ídolo de masas que la incipiente industria del rock necesitaba para abrise su propio mercado. Para acercarse a esas caciones en su contexto, hay que comprender que en su día fueron un vendaval que barrió todo lo hecho anteriormente. Los ídolos de antaño de repente parecieron viejos y cansados, gastados hasta el punto de que parecían pertenecer a otra época, a otra edad geológica. Simplemente, ya nada volvió a ser como antes.

Como resumen final, y como homenaje añadido de otro grande del rock, unas palabras que pronunció el beatle John Lennon unos años después: “antes de Elvis no había nada”. Escuchando estas canciones podemos comprender cuánta razón tenía. Larga vida al Rey.

miércoles, 28 de enero de 2009

CUANDO TODO EMPEZÓ (III)


Memphis, Tennessee, 1954. En los estudios de Sun Records están ensayando cuatro personas: el propietario del estudio, Sam Phillips, el guitarrista Scotty Moore, el bajista Bill Black y un nuevo y prometedor cantante llamado Elvis Presley. Mientras Moore y Black afinan sus instrumentos, Presley se entretiene rascando su guitarra de palo y atacando las estrofas de "That´s Allright, Mama", un tema de r&b clásico de Arthur Crudup. Sorprendido, Phillips ordena a los dos músicos que sigan a Elvis mientras, a escondidas, graba lo que los tres están pariendo sin saberlo: puro, salvaje y rebelde rock´n´roll. El sonido Sun en su más pura quintaesencia.

Es difícil, casi imposible, asegurar cuál fue el primer tema de rock´n´roll que llegó a publicarse. No me meteré en interminables dimes y diretes y convendremos, con la mayoría de críticos y enciclopedistas del rock, en que tal honor cabe atribuírselo al Rock Around The Clock de Bill Haley and The Comets, publicado en 1954. Ya con cierta fama anterior, Haley provenía del mundo del country y el r&b (había editado discos como Rock The Joint o Crazy Man Crazy) y saltó a la fama cuando su rock alrededor del reloj apareció en la película Semilla de maldad, de 1955. El "inventor" del rock´n´roll fue también el autor de otros temas como Mambo Rock, See You Later Alligator o Don´t Knock The Rock, pero fue rápidamente borrado de la faz de la tierra cuando, poco más tarde, el rock se hizo carne.

El 8 de enero de 1935 nació en Tupelo (Mississippi) Elvis Aaron Presley, que en 1953 era un jovenzuelo imberbe que llegó a los estudios de Sun Records para grabar un disco de regalo para su madre. Es allí donde comienza la más fascinante biografía del rock, la de That´s Allright Mama, la ,la del Coronel Parker, la de los cadillacs de colores chillones, la de los bodrios cinematográficos en Acapulco, la de los trajes de lamé y lentejuelas, la del destierro en Las Vegas, la del artista para toda la familia... La de Elvis Presley, primer y único rey del rock´n´roll, el hombre que le dio cuerpo e imagen, que consiguió que fuera escuchado, respetado y consumido por millones y millones de personas en todo el mundo. ¿Hace falta decir algo más de él?

Elvis lo fue casi todo para el rock. Pero ese casi que queda es enorme, y en él queda espacio para otras leyendas del género sin cuya existencia Elvis hubiera sido sólo un oasis en el desierto. La más grande de esas leyendas atiende al nombre de Chuck Berry, probablemente el mejor y más prolífico compositor de rock´n´roll de toda la historia. Negro, arrogante, siempre metido en problemas con la ley, Charles Edward Anderson Berry es nada más y nada menos que el autor de temas como (cojo carrerilla) Maybellene, Roll Over Beethoven, Rock And Roll Music, Johnny B. Goode, Sweet Little Sixteen, Carol, Let It Rock, School Days, Run Rudolph Run, Memphis Tennessee, Back In The USA, Too Much Monkey Business, Little Queenie, etc, etc, etc. ¿Lo captas? El auténtico poeta del rock´n´roll, el hacedor de riffs más afamado, el inventor del paso del pato... ¿Qué hubiera pasado si Berry hubiera sido blanco? Adivínalo.

Otro monstruo que no pudo eludir la sombra de Elvis fue Little Richard, el pequeño, cabezón y explosivo pianista de voz gutural y aficiones sexuales poco bien vistas (le llegaron a llamar "reina del rock´n´roll") en aquellos duros años de represión y conservadurismo. Suyos son trallazos sonoros del calibre de Tutti Frutti, Good Golly Miss Molly, Long Tall Sally, Rip It Up, Lucille, Jenny Jenny o Keep A Knockin´. Obsceno y salvaje, Richard tuvo una carrera fulgurante que dejó muy pronto para hacerse predicador y retomar su piano de tarde en tarde, aunque ya lejos de su gloriosa aparición en el mundo del rock de los 50.

No fueron todos ellos los únicos grandes del rock´n´roll genuino, pero sí los primeros, los pioneros, los que le dieron cuerpo, fondo y forma al asunto. De aquí en adelante las cosas serían diferentes. Se entraría en la era dorada del rock; justo la que vendría a continuación.

Continuará

jueves, 22 de enero de 2009

CUANDO TODO EMPEZÓ (I)


Kilgore, Texas, 1955. Una heterogénea audiencia de poco más de cien personas espera expectante en un pequeño club de carretera a que haga presencia el artista de esa noche. Estudiantes, camioneros y granjeros se amalgaman en una atmósfera sofocante hasta que sale al escenario un jovenzuelo con cara de chulo vestido con pantalones rojos, camisa rosa y americana verde. Camina un par de pasos y se planta delante del micrófono hasta que decide golpear la guitarra, rompiendo dos cuerdas a la vez y provocando espasmos de histeria en la mayor parte de las chavalas del local, que gritan, lloran e intentan subir al escenario. Todavía no ha cantado una sola nota y aquello ya es el paroxismo. El mozo en cuestión responde al nombre de Elvis Presley, un nuevo cantante sureño que parece que dará bastante que hablar. Sin saberlo, con esos dos minutos encima del escenario ha descrito, codificado y casi inventado el rock´n´roll. El resto será historia.

Han pasado más de cincuenta años desde entonces. Unos pocos más desde que el propio Elvis grabara en los Sun Studios de Memphis That´s Allright Mama (1954). Más o menos el mismo tiempo desde que se publicara el Tutti Frutti de Little Richard, el Maybellene de Chuck Berry, el Blue Suede Shoes de Carl Perkins o el Rock Around The Clock de Bill Haley. Lo que en aquellos tiempos era una música agreste y salvaje, demoníaca según la prensa y los sectores conservadores de la época ("un complot para corromper a la juventud", "música de salvajes y gamberros", "el rock es una enfermedad contagiosa", "un medio para rebajar al hombre blanco al nivel del negro", "no lleva el sello de lo auténtico"), se convertió en el movimiento musical más importante del siglo XX (y todavía del XXI), y aunque algunos agoreros preconizen su pronta muerte (algunos lo llevan haciendo desde hace 40 años), sigue mostrándose como un género saludable cuyas posibilidades aún no se han agotado.

Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial transcurrieron rápidos. Los Estados Unidos eran recorridos por una marea patriótica y chauvinista, la paranoia anticomunista, y el consumismo, síntoma revelador de que todavía no habían sido superadas las secuelas de la depresión económica de los años 30. La "caza de brujas" del senador McCarthy, la prosperidad de las familias medias americanas (ningún hogar americano sin televisor, nevera y coche), y el principio del declive de la industria de Hollywood eran los sucesos más excitantes del periodo comprendido entre 1946 y más o menos 1955. Pero también surgían voces discrepantes en la feliz América. La beat generation de Jack Kerouac, las reformas educativas de Benjamin Spock, el progreso científico, James Dean, Marlon Brando ...

En el ámbito de la música ocurría otro tanto. La guerra había supuesto la defenestración de las big bands de jazz y swing en favor de los cantantes románticos (Frank Sinatra, Perry Como, Nat King Cole), y se asistía al comienzo de la guerra entre la todopoderosa ASCAP (Sociedad Americana de Compositores, Autores y Editores, brazo editorial de la industria del disco) y la BMI (Broadcast Music Incorporated, editora de las emisoras de radio) acerca de los derechos de emisión. Esto llevó a la BMI a programar cada vez con mayor autonomía de la industria y a fijarse en artistas fuera del radio de Broadway, Hollywood y Tin Pan Alley, donde hasta entonces se cocinaba casi la totalidad de la música comercializada en Estados Unidos. Gente del sur, cantantes de country, bluesmen, etc, pudieron por primera vez tener un acceso más o menos directo a las emisoras de radio.

Con la emisión de canciones de artistas negros y sureños, los muchachos del norte y las ciudades vieron un nuevo filón para ir más allá de una música melódica y estandarizada que se agotaba en sí misma. Buena parte de la culpa de ello la tuvo Alan Freed, un locutor de la cadena WJW de Cleveland (Ohio), pionero en el descubrimiento de la atracción que ejercían los nuevos ritmos sobre la juventud blanca del norte industrializado. De esta manera comenzó a nacer, en parte, el rock´n´roll. En 1953, Freed lanzó su nuevo programa, Moondog´s Rock And Roll Party, y empezaba a organizar una serie de festivales (los Moondog Ball) en los cuales las estrellas eran músicos negros cuya capacidad de convocatoria excedía con mucho la prevista por el propio Freed. Algo se estaba moviendo.

(Continuará)

martes, 6 de enero de 2009

UNA HISTORIA DE REDENCIÓN




La música puede tener un poder redentor. Puede ayudar a que una persona que se ha perdido en el camino se encuentre de nuevo a sí misma. Es lo que le ocurrió a Elvis Presley en 1968. Elvis lleva siete años sin actuar en directo y casi seis en los que no ha publicado más que las bandas sonoras de la mierda de películas que le hacían rodar. Tiene ya treinta y tres años, y gracias al cabrón de su manager, Tom Parker, que sólo tiene ojos para el dinero fácil, su carrera se ha convertido en un desastre. Parker ha conseguido que Elvis deje de ser el huracán que cambió la historia de la música popular. Se ha acomodado, se ha desconectado de la evolución del rock durante los años sesenta. De hecho, casi todo el mundo lo da por acabado, y para la mayor parte de la crítica musical, no es más que una reliquia, un viejo mito, un dinosaurio.



Pero lo importante es que justo en ese momento se produce un hecho que cambia por completo su carrera y su vida. A mitad de 1968, la cadena de televisión NBC le ofrece hacer un especial para la Navidad de ese año a cambio de un pastón. Su manager se relame y empieza a negociar el contrato y a decirle a los ejecutivos de la cadena qué es lo que quiere: villancicos, árboles de Navidad, brindis con champán, etc. Vamos, un horror.



Pero aquí llega lo bueno. El productor del programa era un tipo que se llamaba Steve Binder, un antiguo fan del Elvis de los años cincuenta. Ni corto ni perezoso, Binder convence a Elvis de que el programa de televisión es una excelente oportunidad para recuperar el trono perdido. Elvis le hizo caso, recuperó parte de su viejo repertorio, se montó una banda de acompañamiento que funcionaba a todo trapo, y le vistieron con aquel traje de cuero que todo el mundo ha visto en muchas fotos suyas. Elvis se obsesionó con todo esto, y se convenció de que era la última oportunidad que tenía para volver a ser quien fue.



El programa fue un éxito absoluto. Elvis se sintió tan a gusto que decidió volver a los escenarios y grabar material nuevo que no tuviera nada que ver con las películas. De hecho, aunque muchas personas piensan que su mejor etapa fue a mitad de los años cincuenta, cuando comenzó su carrera, creo que 1969 fue su mejor año en todos los sentidos. Grabó un par de discos increíbles en Memphis, con músicos que lo habían adorado durante toda su vida, y volvió a los escenarios en el verano de aquel año. Y, lo mejor de todo, se reencontró a sí mismo.



Elvis no era ningún intelectual, ni tenía demasiada cultura. Pero era alguien que había nacido con un don especial, alguien a quien el destino había elegido para que con su voz y su arte cambiara la historia de la música. Y lo hizo al principio de su carrera. Lo cambió todo, y después de eso estuvo a punto de perderse. De hecho, se perdió durante años. Pero cuando grabó ese programa seguro que algo se rompió en su interior, que hizo algo así como un examen de conciencia y se dijo que aquello no podía seguir así. Y lo logró. Hasta entonces siempre se le había llamado el rey del rock, y lo había sido. Pero a partir de ese momento se convirtió en algo más grande aún. Se convirtió en el rey de los cantantes, y lo fue durante años, hasta que su cuerpo no pudo más. Pero incluso consiguió algo más grande que eso: por primera vez, y sin ningún género de dudas, supo, y ya nunca más lo olvidó, para qué había venido al mundo. Para cantar. Para cantar y hacer disfrutar a los demás con sus canciones, con su voz, con su música, con sus actuaciones.



Quizá el mejor regalo que persona alguna pueda hacerle a los demás.