Mostrando entradas con la etiqueta Soul. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Soul. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de noviembre de 2010

LOS INROCKUPTIBLES VII: CANCIONES EN LA PLENITUD DE LA VIDA


Demasiadas veces se utilizan los términos “obra maestra” o “clásico” para definir un disco. Pero si alguna vez estos u otros calificativos han estado justificados, es justamente para describir obras como Songs In The Key Of Life, el trabajo más completo, creativo y abrumador del gran Stevie Wonder, junto a Marvin Gaye, el gran responsable de que la música popular de raíces negras alcanzara su mayoría de edad expresiva en los años setenta, década en la que su inmenso caudal creativo alcanzó su máximo esplendor.

Tras dejar atrás un período de incipiente éxito como artista juvenil en los sesenta, Stevie Wonder alcanza con el cambio de década una deliciosa y exhuberante madurez que le lleva a grabar discos imprescindibles como Music Of My Mind o Talking Book, puro néctar de raíz negra que toma su definitiva e impresionante dimensión en otra obra mayestática: Innervisions. Pero es sin duda Songs In The Key Of Life el álbum definitivo de la obra de Stevie Wonder. Todos los terrenos y palos que el músico ciego había explorado con anterioridad se encuentran en este doble disco maratoniano, y con unas dosis de creatividad e imaginación corregidas y aumentadas.

A partir de la introspección y la exploración de las visiones interiores de su alma de artista, Wonder agita la conciencia social de sus hermanos de raza, tal y como antes lo había hecho Marvin Gaye, y apuesta por realizar un admirable canto a la negritud envuelto en jirones de la mejor música negra que nunca se haya grabado y publicado. El soul, el godspell, el funk, el jazz... Ningún género escapa a la visión personal y personalista del genio de Michigan, que realiza todo un alarde compositivo y también interpretativo, pues él mismo es el encargado de tocar prácticamente todos los instrumentos que suenan en el disco, tal y como había hecho en anteriores trabajos, y tal como años después haría Prince en un intento de emular, que no alcanzar, la grandeza y la genialidad de Stevie Wonder.

Ya desde las primeras notas del disco, iniciado con el tema Love´s In Need Of Love’s Today, el oyente se da cuenta de que está a punto de asistir a una escucha que puede cambiar su vida. La magia rezuma por todos los poros y notas del doble álbum, magia que alcanza sus conjuros más poderosos en canciones como Pastime Paradise, Ordinary Pain, Joy Inside My Tears, If It’s Magic o Another Star, composiciones en que la fibra sensible del oyente es estrujada y fragmentada de manera que resulta casi dolorosa. Tampoco faltan en el álbum temas más epidérmicos que se convirtieron en singles de éxito y que aún hoy resultan perfectamente reconocibles por el gran público, como es el caso de I Wish, Sir Duke o Ist’n She Lovely, canciones que han pasado a formar parte del imaginario colectivo y que deberían estar en cualquier resumen o recopilación sobre música popular que se precie de una mínima seriedad. Y todo esto, además, vehiculado a través de una instrumentación abigarrada y colorista y, sobre todo, catalizado por una voz en estado de gracia que es ébano puro, un prodigio de la naturaleza cuya capacidad para emocionar alcanza cotas casi imposibles de igualar.

Decir que Songs In The Key Of Life es un pedazo de disco es quedarse muy, muy corto. Es un mundo en sí mismo, un punto y aparte imitado y fotocopiado sin piedad, pero a salvo de plagios mediocres gracias a su tremenda capacidad para permanecer en el tiempo fresco e inmaculado. ¿La obra cumbre de la música popular negra? Pues sí, me atrevo a decirlo. Así que no te pierdas este regalo de los dioses por nada del mundo. Ni yo ni tú mismo podrías perdonártelo.

miércoles, 20 de enero de 2010

CUENTOS DEL CIELO DEL ROCK AND ROLL (XV)


London Palladium, Londres, octubre de 1976. Un Marvin Gaye de treinta y siete años de edad está apunto de salir a un escenario inglés en una década. No se prodiga mucho Marvin Gaye para dar recitales, pues lo suyo es música para ser escuchada en la intimidad, solo o acompañado. Sin embargo, Gaye también es capaz de cubrir con un velo de terciopelo a una audiencia ávida de su música. Y eso es lo que va a suceder en el célebre teatro londinense esta noche. Marvin Gaye es uno de los artistas afroamericanos más comprometido socialmente. También uno de los más románticos y sensuales. Esta improbable combinación, nada sencilla de conseguir, es fruto de un talento desmesurado y una voz de oro capaz de acariciar mientras denuncia injusticias sociales y llama al alzamiento moral entre la población negra. Justicia, igualdad, amor, erotismo… son todos ellos mimbres con los que Gaye confecciona su soul intimista, sus canciones de doliente transversalidad.

Buque insignia del sello Tamla Motown, junto a Stevie Wonder y Smokey Robinson, Marvin Gaye es uno de los cantantes y compositores de música negra más determinantes del siglo XX. Casado con la hija de Berry Gordy, el propietario del sello, Gaye comenzó como oscuro compositor de reparto para solistas y grupos a principios de los años sesenta. Unos años más tarde, inició su propia carrera en la misma discográfica alternando discos en solitario con dúos torrenciales con diversas cantantes de la Tamla, entre los que destacaron los realizados junto a Tammi Terrell. Precisamente la muerte de Tammi Terrell supuso un enorme mazazo para Marvin Gaye, quien poco después publicaría What’s Going On, su disco más aclamado y reivindicativo, al que seguirían otras obras maestras como Let’s Get It On o Midnight Love. Siempre basculando entre el compromiso social y la alabanza al amor carnal, Gaye se convirtió por derecho propio en un referente ineludible de la música de los años setenta, posición que ya no abandonó hasta su trágica muerte en 1984 a manos de varios disparos efectuados por su propio padre.

En el concierto que en octubre de 1976 Gaye realizó en el London Palladium, el cantante realizó un espléndido repaso a toda su trayectoria. De la mano de una banda compacta y engrasada, Gaye se sumerge en sus hits de los años sesenta, bucea en la indeleble huella dejada por su álbum What’s Going On, y nada entre las burbujeantes olas de temas mágicos e inmortales como el propio Let’s Get It On, Distant Lover o Trouble Man. A caballo entre el mesianismo racial y las historias de alcoba, la música y la voz de Marvin Gaye sobrevuelan el teatro para recordarnos que estamos ante uno de los grandes. Nada más y nada menos que el mejor y más completo cantante de soul de todos los tiempos.

jueves, 10 de septiembre de 2009

OTIS REDDING: AZUL SOBRE NEGRO


Repasando el calendario he visto que tal día como ayer, nueve de septiembre (pero de 1941) nació Otis Redding, uno de los genios de color de la música pop y soul de los años sesenta, trágicamente desaparecido cuando en 1967 se estrelló el avión en el que viajaba a dar uno de sus conciertos.

Otis Redding fue sin discusión una de las voces más sugerentes y emocionales que jamás dio la música negra. Influido en un principio por el estilo volcánico y alocado de Little Richard, Redding se convirtió a mediados de los sesenta en la más rutilante estrella del firmamento del soul sureño estadounidense. Precisamente, poco antes de su muerte acababa de arrasar en el Festival de Monterrey ante un público eminentemente rockero, y hacía escasas semanas que había grabado Sittin’ In The Dock Of The Bay, su tema más recordado y ejemplo de su manera de enfrentarse a las baladas: un torrente de fuerza y genio que se deshacía en delicadezas y suspiros cuando la ocasión lo requería.

Pero dos años antes de eso, el gran Otis publicó Otis Blue, sin duda un hito artístico y comercial del cantante de Georgia, con el cual logró su cumbre artística y también la del sello discográfico para el que grababa, Stax Volt. Unos años antes, Otis emigró de Georgia a Memphis y fichó por la pequeña discográfica que por entonces ni siquiera soñaba con hacer sombra a la todopoderosa Tamla Motown, el imperio discográfico de Berry Gordy radicado en Detroit.

En el sello Stax, Redding encontró un grupo de músicos de sesión liderados por Isaac Hayes y Booker T. Jones. La química entre todos ellos fluyó de una manera tan excepcional que muy pronto se habló del mítico “sonido Stax”. Ese sonido estaba basado en simples pero efectistas fondos de teclados, guitarras juguetonas y una sección de viento absolutamente demoledora que punteaba y respondía a los susurros o los alaridos del cantante. Sin arreglos de cuerda ni coros, parco en elementos pero de una efectividad emocional tremenda, el sonido Stax se fue definiendo hasta alcanzar su techo precisamente con Otis Blue.

Cima indiscutible de un estilo y una sensibilidad, Otis Blue es primeramente un instrumento comunicativo de primera magnitud, más allá de idiomas y contextos. En el disco podemos encontrar éxitos de todos los tiempos como Respect, popularizada años después por Aretha Franklin, o la tremenda balada I’ve Been Loving You Too Long, dos muestras inmortales del tremendo talento compositivo de Redding, a pesar de que sus conocimientos musicales se circunscribían a rudimentarias habilidades con la guitarra y el piano.

Pero no importaba. Otis tenía un talento intuitivo enorme, una sensibilidad artística a flor de piel con la que era capaz de enfrentarse a cualquier cosa, incluida una fantástica versión del Satisfaction de los Rolling Stones que hizo suya de tal manera que en Estados Unidos muchos creyeron que era él el verdadero autor de la legendaria canción. Otis Blue guarda un perfecto equilibrio entre tempos medios y rápidos, entre huracanes de sonido tórrido y encendido, y remansos llenos de arrullos y caricias. En resumen, es una catarsis emocional cuyo hilo conductor es una voz de trueno que conmociona por su camaleónica capacidad para pellizcar los resortes apropiados del alma humana.

jueves, 2 de abril de 2009

NO HAY MONTAÑA LO SUFICIENTEMENTE ALTA


Ayer se cumplieron 25 años de la muerte de Marvin Gaye (a manos de su propio padra, un pastor ultrareligioso que le descarrejó un par de tiros con una pistola que el propio Gaye le había regalado unos años antes), y hoy mismo 70 de su nacimiento en 1939. Rara vez coinciden nacimiento y muerte en fechas tan cercanas, y mucho menos de un artista tan decisivo y determinante como Marvin Gaye, uno de los grandes genios de la música negra de todos los tiempos.

Durante los años sesenta, Marvin Gaye fue una de las principales cartas de la baraja de Tamla Motown, el sello discográfico fundado en la ciudad de Detroit por Berry Gordy a principios de la década. En Motown se dieron a conocer artistas del calibre de Diana Ross and The Supremes, Smokey Robinson, The Temptations o Stevie Wonder, todos ellos nombres legendarios de la música popular hecha por músicos de color. Marvin Gaye era uno más de los cantantes y compositores de la compañía hasta que contrajo matrimonio con la hija de Berry Gordy, y éste decidió potenciar su carrera. Durante la segunda mitad de los años sesenta, Marvin Gaye grabó docenas de singles exitosos, a veces en solitario y a veces formando dúo con su pareja artística, la cantante Tammi Terrell. Ambos lograron su cima con el tema Ain’t No Mountain High Enough y otras muchas canciones hasta que la muerte de Tammi Terrell cortó de raíz su carrera triunfal (sí, la historia de Gaye está repleta de hechos luctuosos).

Con el cambio de década, Marvin Gaye creció como persona y como artista. Y tomó conciencia de que, como cantante popular e ídolo de una buena masa de seguidores, podía jugar un papel relevante a la hora de reivindicar los derechos de la minoría negra de los Estados Unidos. De esta forma, sus canciones, que en la gran mayoría de los casos tenían como hilo conductor las relaciones de pareja, pasaron a sostener mensajes de acción y de toma de conciencia por parte de la población negra.

What’s Going On, publicado en 1971, es la cumbre creativa de Marvin Gaye. Aunque le costó convencer a Berry Gordy, que deseaba que su yerno continuara facturando las canciones de amor que tantos éxitos le habían reportado, consiguió el control total sobre todos los procesos de grabación del álbum. Y si en ocasiones faltan palabras para definir o alabar un disco, esta es una de ellas. Y lo es por dos motivos: uno es la propia calidad de la obra, aclamada unánimemente como una de las mejores de la música popular del siglo XX; el otro es que con este disco el pop hecho por artistas negros alcanzó definitivamente su mayoría de edad.

Compuesto, cantado y producido por el propio Marvin Gaye, el disco es todo un manifesto sobre el despertar de su raza en un mundo que, obviamente, no había sido diseñado por ella. Apelando al orgullo de sentirse negros, a la recuperación de sus raíces y de sus recuerdos ancestrales, What’s Going On sacudió tantas conciencias como todos los discursos de Martin Lutter King o Malcolm X. Pero lo hizo además con una ventaja sobre éstos: también llegó al público blanco, rendido y admirado ante el genial cantante y su facilidad para introducir mensajes comprometidos en el interior de deliciosas piezas de pop y de soul.

Bañado por un aura de suavidad envolvente y una frugal economía de medios, los temas del álbum son pequeñas joyas encadenadas en las que su autor reflexiona sobre las relaciones familiares, el futuro del medio ambiente, el drama de los ghettos urbanos y, sobre todo, del posicionamiento que la gente de color debe adoptar ante los problemas de la sociedad actual. Canciones como Mercy Mercy Me, Inner City Blues, God Is Love o la que da título al álbum permanecen en cualquier altar destinado a glosar lo mejor, no ya sólo del pop y el soul, sino de toda la música popular facturada durante el pasado siglo. Un auténtico legado que casi cuarenta años después de su gestación merece, entre otros, un apelativo reservado a muy pocas obras musicales: una maravilla.

viernes, 20 de febrero de 2009

CUENTOS DEL CIELO DEL ROCK'N'ROLL (VI)


James Brown, el rey del soul fallecido a finales del año 2006, participó con luz propia en la revolución de la música negra de los años sesenta, la que consolidó el funk y sus derivados en la corriente más influyente de final de siglo. Durante los primeros años de su carrera, James Brown dio forma a su imponente directo. Con su banda de apoyo, los Famous Flames, reunió un grupo de rhythm and blues poderoso que respondía como un solo hombre a las indicaciones de su jefe. James Brown bailaba y se agitaba hasta la extenuación mientras su banda le seguía en sus evoluciones convirtiéndose en su instrumento. Utilizaba las secciones de viento o rítmica del grupo como si tratasen de las cuerdas de una guitarra siempre bien afinada.

El 24 de octubre de 1962, James Brown alcanzó ese punto que separa a los grandes músicos de las leyendas. Aquella noche dio un soberbio concierto en el corazón de Harlem. De la actuación en el Teatro Apollo se registraron 32 minutos que han pasado a la historia. Su discográfica había fichado al padrino del soul en 1956 y ya entonces, cuando tuvo la oportunidad de oír su primera versión de Please, Please, Please, había mostrado su discrepancia con un artista al que nunca comprendió a pesar de elevarlo al estrellato.

Al igual que ocurriera con su primer éxito, James Brown devolvió a su sello discográfico su inversión con creces. A principios de 1963, Live At The Apollo se convirtió en un auténtico bombazo. Las estaciones de radio pinchaban el álbum completo (algo inédito hasta en los programas actuales) utilizando la pausa entre cara y cara (justo en el medio de la impresionante Lost Someone) para introducir sus anuncios. Aquel directo, cuya producción había sido pagada por el propio cantante, alcanzó el número 2 y se mantuvo durante 66 semanas en el Billboard Top Pop Albums. Y lo impresionante es que contiene solo 7 cortes, 5 de los cuales son realmente breves. Y aunque no hubiera grabado nada más con posterioridad a este álbum, James Brown hubiera pasado a la historia por la enorme interpretación de estos siete cortes.

El concierto comienza con la magistral I’ll Go Crazy, y sigue hacia adelante con sus clásicos Try Me y Think, en los que las variaciones instrumentales de la banda se encargan de poner la sal y la pimienta. Casi en un suspiro llega el apasionado I Don’t Mind, justo antes de Lost Someone y su “crescendo” apoteósico. A continuación se puede escuchar un medley que comienza y termina con Please, Please, Please y que en su interior recoge fragmentos de You’ve Got The Power, I Found Someone, Why Do You Do Me, I Want You So Bad, I Love You, Yes I Do, Strange Things Happen y Bewildered. Y de postre, la extraordinaria versión de Night Train.

Hay superdotados que son capaces de hacer sencillo algo que para el resto es sencillamente imposible. Y James Brown es uno de ellos. Se trata de algo etéreo, subjetivo, pero capaz de poner de acuerdo a cualquier aficionado, sean cuál sean sus gustos musicales. Live At The Apollo logra captar como pocos discos la fuerza y la pasión de uno de los grandes en su mejor momento de forma.

La noche del 24 de octubre de 1962, James Brown entregó su alma al diablo y decidió dejar constancia de ello. Y el resto es historia. Historia del Rock'n'Roll, el soul, el funk. Una historia de Sudor orgiástico. De Aquelarres. Del Alma. Esa alma, incorrupta a través de los años, nos canta desde el año 1962 (el año en que yo nací), y nos recuerda que cielo e infierno son sólo abstracciones. Lo que de verdad cuenta, lo real, son aquellas canciones, aquellas estrofas, aquellos gritos que saltan el velo de los años y son hoy tan poderosos y mortíferos como entonces.